Cambio Climático a Nivel Mundial

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lunes, 9 de abril de 2012

El Agua Que No Has De Beber.

Por: Jairo A. Vásquez Pravia (*)


Durante la segunda parte del siglo veinte, se estima que en promedio dos grandes represas artificiales, especialmente para uso de plantas hidroeléctricas, se inauguraban cada día en el mundo. Para el año 2000, el número de grandes represas había crecido hasta alcanzar más de 47,000, y unas 800,00 represas más pequeñas bloqueaban ahora el flujo de los de la mayor parte de los ríos del mundo. A nivel mundial, más de la mitad de los 292 sistemas fluviales más grandes del mundo estaban afectados por represajes como son los casos del Yangtzé Kiang, Mississippi-Missouri, Nilo, Mekong, Irrawadi, e incluso a menor escala con los ríos Bayano y Chagres en Panamá. Es indudable que muchas de estas titánicas obras del ingenio humano proveen beneficios sustanciales a las sociedades humanas. Uno de cada tres países a nivel mundial depende de plantas hidroeléctricas para satisfacer al menos la mitad de su demanda eléctrica.

Sin embargo,jamás puede subestimarse el hecho de que el represaje de los ríos tiene ciertamente consecuencias dramáticas, tanto en su mismo curso como en su cuenca hidrográfica respectiva, en la medida que el flujo de las aguas y el drenaje de la tierra son alterados, en ocasiones irreversiblemente. Uno de los efectos más fácilmente detectables es la profunda alteración de la carga natural de los sedimentos del previamente libre río. En la medida en que el flujo de agua cargado de sedimentos fluye desde la parte alta del rio hasta el reservorio detrás de la represa artificial, los sedimentos suspendidos van depositándose y formando gruesas capas de sustrato en el fondo del reservorio. Como resultado, cuando el agua es liberada periódicamente a través de las compuertas de la represa si bien se encuentra relativamente libre de sedimentos, a medida que avanza por el cauce río abajo, va cargándose crecientemente de sedimentos, conduciendo a una creciente erosión de las riberas y canales naturales en la parte baja de su curso, poniendo en peligro las vidas y propiedades de miles de personas que viven, no solo limítrofes con el río, sino incluso a decenas o centenares de kilómetros mas alejados.

La construcción de represas, en el marco de ineficaces o inexistentes políticas nacionales de administración integral de cuencas hidrográficas, puede llegar a tener también consecuencias socioeconómicas imprevisibles. Por ejemplo, se estima que más de un cuarto de millón de kilómetros cuadrados de tierras, muchas de éstas con grados importantes de biodiversidad y/o de producción agropecuaria, han sido inundadas por el represaje de ríos a nivel mundial durante los últimos 110 años, lo cual ha causado el inevitable desplazamiento y relocalización por parte de autoridades nacionales de entre 40 a 80 millones de personas a nivel mundial, en algunas ocasiones siendo sucesos violentos con no pocas muertes. Esto sin mencionar incrementos en los riesgos a la salud humana ya identificados en atención a la potencial proliferación de vectores de ciertas enfermedades, cuyos ciclos de vida se cumplen parcialmente en cuerpos de agua.

La demanda de agua para la generación de energía hidroeléctrica en la Republica de Panamá se estima en más de 25 billones de metros cúbicos anuales y, a medida que el crecimiento de la economía panameña continúe, se hará cada vez mayor. Según los antecedentes sobre potencial hidroeléctrico inventariado, la provincia de Bocas del Toro es la que dispone del mayor potencial en el país para surtir el proyectado aumento de esa demanda en los próximos veinte años, seguida de la provincia de Chiriquí.

La dependencia excesiva de energía hidroeléctrica, y el represaje de los ríos para tal fin, pueden llegar a ser un arma de doble filo a largo plazo para el mantenimiento de la paz social y la competividad económica de nuestro país sino se realiza una verdadera gestión integral y estratégica de los relativamente abundantes recursos hídricos con que contamos. No esperemos a que surja otro nuevo conflicto entre conciudadanos por el uso de los recursos hídricos para implementar una gestión integrada de éstos. Mas bien preocupémonos por que la ventana para solucionar el problema cada vez se torna más angosta con el paso de los días.


Panamá, 27 de marzo de 2012. (*) El autor es economista.

Los Bosques Silenciosos.

Las comunidades locales ubicadas en países en vía de desarrollo como Panamá, por lo general se les impide ganarse su sustento diario mediante la explotación de los bienes y servicios ambientales en las áreas protegidas del Estado, pero en la práctica la gente administra estas tierras desde tiempos inmemoriales y depende de ellas para sobrevivir.

En lugares como el Parque Nacional Chagres, Bosque Protector de Palo Seco en Bocas del Toro, el área de Donoso en la provincia de Colón, Parque Internacional La Amistad entre Chiriquí y Bocas del Toro, entre otras importantes áreas de producción de agua en Panamá, la participación comunitaria es la clave para el éxito de programas de conservación que permitan rehabilitar las funciones ecosistémicas alteradas y produzcan servicios ambientales para beneficiarios fuera del área protegida.

A medida que la demanda por agua dulce aumenta en atención a las necesidades de las plantas hidroeléctricas, productores agropecuarios, industriales y ciudadanos todos, las inversiones requeridas para asegurar la adecuada dotación de recursos hídricos se incrementan más que proporcionalmente, muchas veces creando un gran impacto ambiental y daño social en las regiones donde el agua se obtiene para uso consuntivo y no consuntivo.

Como resultado, un círculo vicioso de degradación ambiental y modernización agropecuaria en las partes bajas de las cuencas hidrográficas conlleva a una más profunda polarización social; comunidades pobres se encuentran relegadas hacia áreas más marginales, lo cual casi siempre tienden a ser las partes más inaccesibles de la parte alta de las cuencas.

Más aún, dada la falta de recursos e incentivos para proteger esas áreas, estas comunidades tienden a contribuir a una mayor degradación ambiental en las partes más sensitivas de las cuencas. Esto se observa claramente en la República de Panamá en las partes altas de ríos como La Villa, en Azuero; Chiriquí Viejo, Chico, en Coclé; Chagres, en Colón; Chucunaque en Darién y Pacora al este de la provincia de Panamá, entre otros.

Claramente, las partes altas de todas las cuencas hidrográficas son regiones que reciben la mayor parte de la lluvia y la escorrentía potencialmente disponible para recargar el resto de estas a medida que los recursos hídricos en las partes medias y bajas sean utilizados con mayor intensidad, dado el crecimiento económico y/o demográfico de la población.

Por tal razón, es imperativo que el Estado diseñe e implemente políticas públicas efectivas que estimulen a las comunidades indígenas y campesinas residentes en las partes altas de las cuencas hidrográficas de nuestro país para que modifiquen sus técnicas de cultivo, manejo de las tierras y sus prácticas de manejo de recursos hídricos, como una forma eficiente de incrementar el suministro de agua en las partes medias y bajas de las cuencas.

Dada su precaria existencia, en muchas ocasiones estas comunidades deben ser compensadas por sus esfuerzos para incrementar la producción de agua en las cuencas hidrográficas donde residen.

Para que un esquema de compensación con este alcance tenga sostenibilidad, la compensación debe incluir algún tipo de garantía a largo plazo para los involucrados.

Esta recompensa puede incluir pagos directos por sus contribuciones medibles al mejoramiento en volumen y calidad de la oferta hídrica en las cuencas en atención al mecanismo de secuestro de carbono ahora mercadeados para financiar ciertos esfuerzos de conservación de bosques en América Central y otras regiones, mejores precios para sus productos, así como la introducción de prácticas agrosilvopastoriles más eficientes en el uso de la tierra que complementen y añadan valor a sus actividades económicas tradicionales.

En resumidas cuentas, cuando los bosques tropicales húmedos, ubicados en las cuencas hidrográficas de la República de Panamá, son explotados exclusivamente por su madera y/o devastados para expandir la frontera agropecuaria, el proceso tiende a ser tan perjudicial para los servicios ecosistémicos que todos los otros bienes y servicios ambientales, particularmente la biodiversidad, se ven severamente reducidos.

En contraposición, se pueden explotar los bosques por sus otros productos (como por ejemplo, belleza escénica, control natural de la erosión de las riberas fluviales y la sedimentación de quebradas, ríos y lagos, mantenimiento del ciclo hidrológico en condiciones adecuadas de volumen y calidad) con virtualmente ninguna afectación a los ecosistemas forestales, riparios y lacustres ubicados en dichas cuencas y permitiéndole un modo de vida digno a las comunidades que allí residen.

Queda en nosotros ser más proactivos.

Artículo publicado en el Diario La Prensa (Panamá)el día lunes 09 de abril de 2012.

jueves, 27 de enero de 2011

Malthusianismo y economia

Robert Malthus en su obra titulada “Essay on the Principle of Population“ publicada en 1798 vino a decirnos que mientras los medios de subsistencia crecen en proporción aritmética, la población lo hace en proporción geométrica. Con esta frase lapidaria Malthus pretendía poner de relieve con una lógica aplastante que el principal reto de la sociedad es la disponibilidad de recursos limitados aún cuando sus necesidades son ilimitadas.

Transcurridos más de 200 años de la publicación de la obra, la premisa malthusiana sigue teniendo su vigencia. En el escenario mundial el petróleo, como fuente principal de energía, y las materias primas son ejemplos claros del pensamiento malthusiano. Cada día más, los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo necesitan más combustibles líquidos para el transporte y la industria. Ante una fuerte demanda de combustibles se ha llegado a la situación de que algunos países productores hayan comprometido una parte de sus reservas para los próximos años. Y esto se encuentra supeditado a unas reservas probadas de petróleo fijas en la Naturaleza, que se formaron hace millones de años en los estratos sedimentarios de la corteza terrestre. El precio desorbitado del crudo (nada más y nada menos que 146.7 dólares el barril de petróleo de referencia Brent la pasada semana) radica, en una primera instancia, en el aumento de la demanda de energía en tres de las principales economías del mundo (Estados Unidos, China e India), a lo que se suma la incertidumbre política en una buena parte de los países exportadores, así como a una dosis nada desdeñable de especulación de los mercados.

Con la excepción de algunos hallazgos como el avanzado recientemente por Petrobrás de una gran bolsa de petróleo en aguas profundas (más de 4000 metros), la exploración de nuevos yacimientos ha visto disminuidos sus resultados. Además, muchos pozos explorados que han satisfecho las necesidades del mercado en las últimas décadas ofrecen un rendimiento cada vez menor. A simple vista parece que nos enfrentamos a la catástrofe malthusiana. Pero no es así. La medida aparentemente es simple: consumo moderado y uso eficiente de los destilados de petróleo son factores claves que permiten alargar la vida del petróleo. En esta línea, el Banco Central Europeo, la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco Central de Japón vienen aplicando la doctrina económica clásica de tasas de interés elevadas para enfriar el crecimiento y limitar en cierta medida el crecimiento de las principales economías.

Ni que decir tiene el hecho de que Malthus no pudo prever la revolución industrial del siglo XIX, ni los desarrollos tecnológicos del siglo XX. Hoy se dispone de tecnología que permite sintetizar derivados de petróleo a partir de carbón, de gas natural o de biomasa con el gran atractivo de que los hidrocarburos que se obtienen por esta vía son más limpios, emiten menos gases de efecto invernadero durante su combustión y pueden generarse con recursos autóctonos. Si esto es así ¿porque no se implantan estas tecnologías para aliviarnos de la asfixia que está produciendo el crecimiento exponencial del precio del petróleo? Evidentemente estamos ante balances económicos que solamente resultan favorables en algunos casos. En la actualidad, extraer el petróleo de la corteza terrestre es más económico que fabricarlo. Pero el petróleo fácil, el que se extrae mediante perforación vertical, está tocando a su fin. Para llegar a localizaciones donde se encuentra, ahora tienen que ponerse en práctica nuevas tecnologías de búsqueda y exploración de yacimientos de mayor dificultad de acceso. La exploración horizontal y el alcance de las aguas profundas son algunas de las direcciones que sigue la exploración de las empresas petroleras.


La contracción de la demanda de bienes de consumo, entre ellos la energía, no cabe esperar que venga a postergar la no deseada crisis malthusiana. La diversificación de las fuentes de energía, y especialmente la introducción de las renovables, es el ingrediente esencial para reducir la fuerte dependencia del petróleo. A ello hay que añadir el hecho de que se dispone de tecnología que permite fabricar combustibles sintéticos, aunque por razones de coste todavía no está implantada. No obstante, dado el coste actual del barril de petróleo se espera que estas tecnologías se hagan competitivas a muy corto plazo.

Citado de un artículo publicado en un diario español en octubre, 2008.

jueves, 10 de junio de 2010

Según datos de la Contraloría General de la República de Panamá, solo el 15% de los asalariados pagan impuesto sobre la renta, con lo cual se puede concluir que solo el 15% de los asalariados ganan más de 800 dólares al mes. Si a esto le sumamos el hecho que solo el 50% de las personas en edad laboral son asalariadas, tenemos que solo el 7.5% de las personas en edad de trabajo tienen un empleo donde ganan más de 800 dólares al mes.

El informalismo y los bajos salarios en una economía no permiten el desarrollo sostenible de un país.

viernes, 26 de marzo de 2010

Ecosistemas y Economía

Por: Jairo A. Vásquez Pravia (*)

Los sistemas ecológicos y económicos de nuestro planeta están vinculados. A medida que las dimensiones del sistema económico mundial crecen en relación con el acervo de recursos naturales terrestres y marinos, la dinámica de ambos sistemas se afecta y se torna más discontinua. Las externalidades negativas aparecen en la medida en que las capacidades de adaptación y de carga de los ecosistemas son sobrepasadas por la extracción de recursos naturales para la satisfacción de las necesidades económicas de la población mundial.

Todos nosotros, especialmente los más pobres y vulnerables, dependemos de la riqueza natural para proveernos de servicios básicos, tales como agua fresca, alimentos, materiales para la construcción de viviendas, medicamentos, entre otros, sin embargo se estima que dos tercios de los ecosistemas mundiales ya han sido fuertemente impactados por la acción humana, reduciendo así su capacidad de brindar a largo plazo los bienes y servicios ambientales que necesita la humanidad para seguir existiendo, tal y como lo hemos hecho hasta ahora.

La biodiversidad biológica constituye el anclaje vital para nuestra existencia y el desarrollo económico de todos los países del globo. Por ejemplo, el valor actual del comercio de los recursos pesqueros oceánicos mundiales se estima en 5.9 billones de dólares, es decir, representa un valor 600% superior al estimado para el año 1976. Sin embargo, las tasas de captura mundiales de especies como el atún, sardinas, entre otras, se encuentran en pleno y sostenido descenso y cerca del 75% de los bancos pesqueros comerciales s a nivel mundial ya se han agotado, o bien, ya están por debajo de su nivel de sostenibilidad.

De seguir esta tendencia un componente fundamental para la seguridad alimentaria mundial se perderá irremediablemente y todos sufriremos.

La ausencia de metodologías comprensibles para proveer datos de valoración económica sobre biodiversidad y los servicios que ésta presta, los cuales puedan ser fácilmente transmitidos y comprendidos por gobernantes y tomadores de decisiones en el sector privado, ha impedido grandemente mayores esfuerzos para la protección, mantenimiento y restauración de hábitats y especies en muchas partes del mundo, dado que hasta ahora no hay consenso sobre cómo poder incorporar esta valiosa información a los análisis costo-beneficio de proyectos de inversión pública y privada, que pueden ir desde la construcción, por ejemplo, de un acueducto rural hasta aeropuertos, puertos y desarrollos urbanísticos a gran escala.

Y esto es un error que ustedes estimados lectores y yo tendremos que pagar en el mediano y largo plazo.


Artículo publicado en el Diario La Prensa el día 28/marzo/2010.

(*) El autor es economista.

lunes, 8 de marzo de 2010

Pérdida de Biodiversidad y Desarrollo Económico.

Por: Jairo A. Vásquez Pravia (*)


La expansión de la frontera agropecuaria a nivel mundial se ha hecho a costa de la pérdida de la riqueza biológica. De acuerdo con un estudio de Forest Trends publicado en agosto de 2004, el mundo ha perdido casi tres mil millones de hectáreas de bosques en los últimos años, lo que equivale a cerca de la mitad de los bosques que ocupaban la tierra. A la velocidad de pérdida del hábitat actual, un 10% de las especies que habitan la tierra podrían desaparecer en los próximos 25 años.

La pérdida de biodiversidad ha sido más dramática en los países subdesarrollados que en el primer mundo, yendo de la mano con las abismales diferencias en la distribución de la riqueza entre regiones y dentro de los mismos países. Durante la década de los setenta e inicios de los ochenta, vastas áreas de bosques tropicales húmedos de América del Sur, África subsahariana, y el sudeste de Asia ya habían sido taladas y convertidas a tierras de cultivo y/o pastoreo, aunque a partir de mediados de los años ochenta el ritmo de deforestación en América del Sur había disminuido dramáticamente, particularmente en Brasil, pero el ritmo en África y el sudeste de Asia, aunque pobremente cuantificado, se mantiene relativamente alto hasta nuestros días.

La población actual de nuestro planeta probablemente se duplicará para el año 2050, resultando en unas 10 mil millones de almas demandando diariamente una variedad enorme de bienes y servicios. La gran mayoría de esta población vivirá en las regiones tropicales y subtropicales de Asia, África y América del Sur. Coincidentalmente son las regiones con mayor necesidad de desarrollo económico y la presión doble que seguirá ejerciendo el crecimiento demográfico descontrolado y la expansión económica inequitativa no hará más que incrementar la demanda sobre los recursos de la biodiversidad.

El fallo de nuetras sociedades en asignarle un valor económico a la naturaleza ha significado la degradación de los ecosistemas, una consecuente reducción de los servicios ambientales, y ha contribuido decisivamente a la reducción de la biodiversidad,dado que no hay forma de incoporar el capital natural a análisis costo beneficio de proyectos que puedan tener un impacto sobre éste.

La ausencia de metodologías comprensibles para proveer datos de valoración económica sobre biodiversidad y los servicios que ésta presta, los cuales puedan ser fácilmente transmitidos y comprendidos por gobernantes y tomadores de decisiones en el sector privado, ha impedido grandemente mayores esfuerzos para la protección, mantenimiento y restauración de hábitats y especies en muchas partes del mundo.


(*) El autor es economista.

Retribuyendo a la Naturaleza.

Por: Jairo A. Vásquez Pravia (*)


La disponibilidad de agua en el país ha permitido, hasta el momento, el abastecimiento del vital líquido para consumo humano (cerca de 400 millones de metros cúbicos por año), la operación del Canal de Panamá, la agricultura, la acuicultura, el uso industrial y la producción de energía hidroeléctrica. Sin embargo, la calidad actual de este recurso se ha visto afectada por la contaminación en sus diversas formas, problema que es palpable en las cuencas del río Chiriquí Viejo, río Santa María, río Grande, Bayano y río Pacora, lo que pone en riesgo el abastecimiento futuro para los diferentes usos.

Según el Ministerio de Desarrollo Agropecuario, existen en Panamá aproximadamente 270mil hectáreas aptas para riego, localizadas en su mayor parte en la provincia de Chiriquí y en el Arco Seco, regiones donde se ubican las cuencas de los ríos Chiriquí Viejo, río Grande y Santa María. Actualmente se riegan sólo entre 27 mil y 28 mil hectáreas. De éstas, aproximadamente el 90% corresponden a riego privado. Cabe señalar que la mayor parte de los usuarios de riego son propietarios de las tierras que cultivan.

La demanda de agua para la generación de energía hidroeléctrica se estima en 21.9 billones de metros cúbicos y se concentra en las provincias de Panamá (central Bayano) en el río Bayano, Chiriquí (centrales La Estrella, Los Valles y Fortuna) y Veraguas (La Yeguada, en la cuenca del río Santa María). Según los antecedentes sobre el potencial hidroeléctrico inventariado, la provincia de Bocas del Toro es la que dispone del mayor potencial en el país, seguida de la provincia de Chiriquí (incluye río Chiriquí Viejo). En la provincia de Veraguas también existe algún potencial, pero para plantas de menor potencia

No contar con una oferta estable de agua a futuro en algunas regiones comienza a ser cada vez más evidente en cuencas hidrográficas como las mencionadas arriba. Esto se convierte, entonces, en un serio riesgo para la competitividad económica de buena parte del sector agropecuario del país.

Este escenario apunta a poner en práctica algún tipo de instrumento económico de gestión ambiental que permita un uso racional y eficiente del recurso hídrico en estas áreas en reemplazo de la visión tradicional de "quien contamina paga", el cual en no pocas ocasiones ha sido relativamente inefectivo en el manejo integral de cuencas.

Los servicios ambientales o eco sistémicos son aquellos provistos por el entorno natural y de los cuales se benefician múltiples individuos, por ejemplo, la purificación del agua y el control de las inundaciones provistos por los humedales, o bien, la regulación del ciclo hidrológico y la belleza escénica, entre otros muchos servicios, provistos por los bosques.

El pago por servicios ambientales (PSA), entonces, es un mecanismo de compensación para quienes mantienen o introducen prácticas de conservación o prácticas agrosilvopastoriles sostenibles dentro de las tierras que proveen dichos servicios. Por ejemplo, usuarios río abajo de agua purificada por un bosque río arriba, como compañías embotelladoras de agua, comunidades locales, ingenios azucareros, entre otros, puedan pagar a los conservadores de ese bosque para garantizar un flujo sostenible de tal servicio.

El pago por los servicios ambientales provistos por bosques, arrecifes coralinos, humedales y otros ecosistemas es una forma de reconocer su valor y garantizar que los beneficios provistos por éstos se mantengan en el largo plazo. También puede permitir que pequeños productores agropecuarios y comunidades pobres en áreas rurales y semi rurales puedan recibir beneficios tangibles por la conservación, contribuyendo así al desarrollo sostenible.

En la República de Panamá existen todas las condiciones para iniciar programas de PSA sostenibles, teniendo como hilo conductor la gestión integrada del recurso hídrico, lo cual será vital para la competitividad económica de nuestro país en el marco del desarrollo sostenible. Sólo nos falta voluntad.


Artículo publicado en el Diario La Prensa el día 13/junio/2006.


(*)El autor es economista.